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Communal Psalms of Lament, day 7 | Salmos Comunales de Lamento, día 7

from Psalms for Praying: An Invitation to Wholeness (Nan C. Merrill)


Psalm 90

Eternal and Immortal One, You have been

our refuge in all generations.

Before the mountains were brought forth,

before You formed the earth and

the world from

everlasting to everlasting.

You are the Alpha and the Omega.


When our days on Earth are ended

You welcome us home to your Heart,

to the City of Light,

where time is eternal

and the days are not numbered.


You gather those who love You as

friends returning from a long

journey,

giving rest to their souls.

You anoint them with the balm of

understanding,

healing wounds of the past.


For our days on Earth are a mystery,

a searching for You,

a yearning for the great Mystery

to make itself known.

The years pass and won the

Harvest is at hand,

a time to reap the fruit of

one's life.

Who has lived with integrity?

Who will reflect the Light

Who can bear the radiant beams

of Love?


Who have reverenced the Counselor,

and opened their hearts to the

Spirit of truth?

Teach us, O Beloved to honor each day

that we may have a heart

of wisdom.


Awaken us, O Holy One! Too long

have we been asleep!

Have mercy on your people!

Help us to wait in Silence listening

for your gentle Voice;

Strengthen us with courage to

face the fears within.

O, that we might be converted in

our hearts

and walk together in peace and

harmony!

Let your Love be known to the nations,

your Glory to our children's

children.

Let the grace and gentleness of the

Holy Spirit be upon us,

guiding our feet upon paths

of Love Consciousness

Increase the Light with us -

O Beloved, hear our prayer!

Amen.

de La Biblia de las Américas


SEÑOR, tú has sido un refugio para nosotros de generación en generación.

Antes que los montes fueran engendrados, y nacieran la tierra y el mundo, desde la eternidad y hasta la eternidad, tú eres Dios.

Haces que el hombre vuelva a ser polvo, y dices: Volved, hijos de los hombres.

Porque mil años ante tus ojos son como el día de ayer que ya pasó, y como una vigilia de la noche.

Tú los has barrido como un torrente, son como un sueño; son como la hierba que por la mañana reverdece;

por la mañana florece y reverdece; al atardecer se marchita y se seca.

Porque hemos sido consumidos con tu ira, y por tu furor hemos sido conturbados.

Has puesto nuestras iniquidades delante de ti, nuestros pecados secretos a la luz de tu presencia.

Porque por tu furor han declinado todos nuestros días; acabamos nuestros años como un suspiro.

Los días de nuestra vida llegan a setenta años; y en caso de mayor vigor, a ochenta años. Con todo, su orgullo es sólo trabajo y pesar, porque pronto pasa, y volamos.

¿Quién conoce el poder de tu ira, y tu furor conforme al temor que se te debe?

Enséñanos a contar de tal modo nuestros días, que traigamos al corazón sabiduría.

Vuelve, SEÑOR; ¿hasta cuándo? y compadécete de tus siervos.

Sácianos por la mañana con tu misericordia, y cantaremos con gozo y nos alegraremos todos nuestros días.

Alégranos conforme a los días que nos afligiste, y a los años en que vimos adversidad.

Manifiéstese tu obra a tus siervos, y tu majestad a sus hijos,

y sea la gracia del Señor nuestro Dios sobre nosotros. Confirma, pues, sobre nosotros la obra de nuestras manos; sí, la obra de nuestras manos confirma.

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